Hace no mucho tiempo estando en el metro, encontré un artículo en un periódico gratuito que me llamó la atención. Estaba extrañamente, en la sección de ocio y era un texto mediocre, en sus líneas se podía leer: ``¿Qué ocultan nuestros hijos? ́ ́. Al finalizar de leer el texto me quedé impresionada.
Esa breve información desembocó en mi cabeza un sinfín de pensamientos y reflexiones que chocaban unas contra otras en mi interior. El texto mencionaba muchas acciones, de las cuales los adolescentes haciamos todas, tales como: tengo novio, odio a mi padre, no me gusto, miento, no estudio, hago pellas, robo coches, me masturbo, soy gay, soy ateo, vomito, falsifico firmas, vendo drogas, me gusta pegarme, soy gogo, falto a clase, odio a todos, quiero ser actor, robo a mis padres, fumo porros, hago botellón, hago graffitis, estoy triste, pego en el cole, no uso condón, escribo poesía... . No digo que algunas de estas cosas no ocurran pero basta ya de dañarnos y propongamos un buen remedio a todo esto.
Para que luego se diga que hoy en día somos un fracaso... En realidad en cierto modo actualmente hay un polémico fracaso escolar. Pero bajo mi punto de vista la verdad es otra: ¿Por qué no en vez de no parar de repetir que no tenemos futuro y que somos un completo desastre no se intenta poner una solución?
Porque somos lo bastante listos para saber lo que hacemos y no necesitamos que se repita sin cesar sin poner solución alguna. Nosotros somos los responsables de nuestros actos, los que tenemos que aprender a tomar nuestras propias decisiones, los que sabemos lo que esta bien y lo que no. Todos los expertos en psicología dicen que los jóvenes mentimos para escapar de nuestros problemas. En ocasiones si, pero no se les ha ocurrido que por algún casual mentimos porque vemos nula la opción de hablar con nuestros padres, de decirles la verdad, de contarles nuestros problemas, de poder confiar en ellos.
Muchos dicen ``miento para que no se enfaden ́ ́. Pues señores siéntense frente a sus hijos y pregúnteles que tal les va, abran esa puerta de comunicación familiar que muchas veces dejamos entreabierta y sí, atrevanse a dialogar, a converar, a charlar, a debatir.
Eso siempre que su apretada agenda se lo permita o que su cansancio no les robe el habla. Yo no digo que nosotros no tengamos la culpa pero también veo parte delpeso de este problema en los padres. ¿Algún arreglo? Sí, hablemos.
Claudia Moreno
No hay comentarios:
Publicar un comentario