jueves, 5 de mayo de 2011

¿QUÉ NOS QUEDA A LOS JÓVENES?

 ¿Qué nos queda a los jóvenes? Estamos perdidos, claro que estamos perdidos, pero no por ello somos una causa perdida. Nos ha tocado vivir en un mundo de crisis, de conflictos mundiales y, por supuesto, de avances tecnológicos constantes. Todo lo que necesitamos saber lo podemos encontrar a base de teclear en nuestro ordenador. Parece que tenemos todas las facilidades al alcance de nuestra mano. Sin embargo, nos sigue haciendo falta algo muy importante.
Para nosotras, ya es un milagro que sobrevivamos a la PAU, las notas de corte, las críticas de los medios de comunicación, y de la sociedad en general, las exigencias de los profesores, de los padres, de los amigos y – cómo no – las peores: las nuestras. Somos autocríticos, cada vez más exigentes, perfeccionistas, ansiosos por hacer algo que demuestre al resto de personas que merecemos la pena. Porque vivimos a golpes, apenas si nos dejan decir que somos quienes somos. Porque ya están otros para explicarnos cómo somos, que para eso han vivido más y nos conocen ¿no? Somos unos vagos, unos ignorantes y unos maleducados. Dicen que sólo nos gustan la televisión y el tuenti, dicen que somos unos niñatos, que nos quejamos mucho y hacemos poco, dicen que dicen que dicen…
Pero no nos conocen. Porque ni siquiera se han molestado en preguntarnos, en pedirnos nuestra opinión o simplemente, en dejarnos hablar. Si muchas de esas personas que conviven con nosotros cada día, o que “velan” por nuestro futuro - en despachos lujosos e inmensos, que nada tienen que ver con las aulas de los centros escolares - hubieran investigado, tan sólo un poquito, entonces hubieran descubierto cuánto se equivocan. Esto es lo que hemos hecho nosotras. Pensando en una idea para nuestro trabajo para clase de literatura, nos hemos dado cuenta de que hay jóvenes escritores escondidos por todas partes. Y se lo vamos a demostrar…
Aquí publicamos, sin tapujos ni adornos ni manipulaciones, textos de los jóvenes y adolescentes que nos rodean. Indagando un poco, hemos descubierto que son muchos más de los que pensábamos. Y, por descontado, muchísimos más de los que los adultos (esos que no nos conocen y se atreven a juzgarnos) se imaginan. Textos muy elaborados, otros más simples; textos reivindicativos, otros más personales; textos y textos y textos, en los que se reflejan las preocupaciones de - por qué no - esta nueva generación perdida. Las voces de unos y de otros, esperanzadas, escépticas, o desesperadas, que parecen decir: Paren el mundo, que me quiero bajar. Sí, hay muchos jóvenes con ganas de expresarse, aunque sólo sea a través de una esquinita en una revista de instituto sin presupuesto, o en una presentación de 15 minutos o, peor, quedándose sus palabras encerradas en sus ordenadores o cuadernos, condenadas a quedarse ahí para siempre, por timidez o ignorancia. Ignorancia de que hay un mundo entero hablando en susurros, o como mucho a media voz. Ignorancia de que lo que susurramos sí que sirve de algo. Lo único que hace falta es que gritemos todos juntos, que se oiga nuestro común aullido (howl) en el mundo entero.
Algunos de los mejores escritores, como Rimbaud, Molière, Byron, Lorca, Cernuda u Oscar Wilde comenzaron a escribir cuando eran inexpertos, muy jóvenes. Pero éstos, y muchos otros incipientes escritores, evolucionaron y se acabaron convirtiendo en fundamentales autores para la historia de la literatura. Fantásticos escritores como Ernesto Sábato, Hemingway o Brecht buscaron la manera de reivindicar aquello que creían justo, aquello que les faltaba. La gran Virginia Woolf expresó que, para escribir, las mujeres solo necesitaban dinero y Una habitación propia, y Kavafis reclamó en su precioso poema Ítaca un profundo carpe diem a la experiencia fabulosa de vivir.
Todo lo que muchos autores escribieron, como Joyce, Shakespeare, Cervantes o Poe, se convirtió en una ayuda esencial para muchos otros escritores. Los cantos de muchos de ellos inspiraron e inspiran a muchos jóvenes, como el propio Canto a mí mismo de Walt Whitman, que inspiró a jóvenes poetas como Allen Ginsberg. Sin embargo, tras haber leído tantos textos de compañeros nuestros, nos hemos dado cuenta de que posiblemente muchos de los más fuertes y más dulces cantos están aún por cantar. Quién sabe…
Quizá nosotros, jóvenes que vivimos en un mundo materialista y consumista, no necesitamos ni siquiera una habitación propia, sino que simplemente necesitamos que alguien escuche lo que tenemos que decir, incluso aunque nosotros mismos aún no lo tengamos muy claro.
Nosotras mismas, que desearíamos poder dedicar nuestra vida a la escritura, pasamos horas delante de páginas numeradas con un esperanzado 1 a pie de página, pensando en cómo podemos empezar. Qué frase es la que debe abrir una novela perfecta.  Pero nos hemos dado cuenta de que si de veras queremos ser sinceras con nosotras mismas, debemos olvidarnos de las obras de arte que nos rodean (Madame Bovary, La gaviota, Hamlet…) y simplemente escribir lo que sentimos, aunque creamos que carece de sentido y de importancia. Escribir espontáneamente, como hizo el gran Jack Kerouac y otros beatniks de los 50, y dejar de preocuparnos por lo que saldrá. Lo que sientas (ya) encontrará por sí solo su estilo.  A los beats, como el gran poeta Allen Ginsberg, les preocupaba ser publicados. A nosotros eso de momento nos da igual, solo queremos sorprendernos pensando. Porque estas son algunas voces de toda una generación. Este es nuestro grito, nuestro aullido. Probablemente no sea un bello producto, ni un fruto perfecto, pero quizás – quizás, quizás… – alguno de nosotros consiga algún día crear algo que merezca ser leído por todos, y que sea leído por todos… quizás, entre todos estos vagos redomados, entre esta generación que – al parecer – ha inventado la ley del mínimo esfuerzo, entre estos jóvenes teleadictos sin motivaciones ni aspiraciones, quizás haya alguno cuyo nombre… nunca se borrará de la historia. Y eso, nosotras no nos lo queremos perder.

lunes, 2 de mayo de 2011

¿y si somos un arma cargada de futuro?


Necesitamos expresarnos de algún modo.No importa cómo. 
Escribir, dibujar, tocar, filmar, fotografíar, bailar, actuar... da igual lo que hagamos, y cómo lo hagamos. Todo es...
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos......
Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

 
Imagen primera: Cris Almansa
Imágenes: Sara Batuecas



Singapore


Pienso en la inspiración, la busco la anhelo y no llega. No llegará nunca.
Solo queda Singapur y algo de tierra mojada.
Y ese jardín y esas luces, y el olor a champú menta.
Las sonrisas, y las lágrimas, los abrazos, las miradas...
La incomprensión, la rutina, la novedad, la disputa, el desacuerdo, el olvido.
El tiempo muerto, la vuelta. Las caricias, la alegría, los bailes,
risas, abrazos, tener muy cerca tu cuerpo, olvidar el tiempo aparte.
Soñar juntos recordadando el sabor del verbo amar(te).




C. Almansa





Reir con algo de ganas


Las cosas que nos superan
no nos gustan, nos molestan.
Preferimos pequeñeces:
amigos, trajes y fiestas.

Tú crees no tener nada,
y al creer eso te quedas
sin ver lo mucho que tienes,
por el exceso cegada.

¿De qué te sirven las cosas
si tienes el alma en blanco,
y el cerebro ya cansado de pensar
demasiado poco?

Porque yo aprecio esta vida,
la quiero y cuido bastante.

Pero la escasez de amor,
falta de contacto físico,
no es un rumor, es un hecho.
No es un cuento, esto es verídico.

Basada en hechos reales
es la historia que me invento,
para llenar papel yo cuento
lo que otros contaron antes.

Cierra los ojos, disfruta,
que el placer lento es más largo.
Un sí me basta, y un beso.
Sé que a ti te sobra de eso.

Reir con algo de ganas,
llorar despacio.



C. Almansa

¡Eh, tú, pesca poemas!


Tú eres el pescador, el lápiz es tu red
Primero observa pasar los peces,
No podrás alcanzarlos, pero si continuas,
Terminaras pescando los más bonitos,
dentro de Infinitas estepas añiles solo tuyas,
Tan ricas que nunca podrás terminar de explotarlas.

Cuando azotan tormentas, el agua se remueve,
Y las profundidades escapan a la superficie.
Es el momento de bucear con tu arpón,
Preciosas criaturas podrás encontrar.
¿Quién te dijo que tenías que tener los pies en el suelo?
Sumérgete y pesca,
Animaras tu existencia en el continente.
No seas una de esas miles de personas
que nunca han visto el mar.
Poesía es viajar, aislarte,
 en medio de tu propio piélago
Mi sueño es escribir algo tan mío,
Como son las algas de los océanos
Dejarte llevar como las olas,
eso es poesía.

Luis Miguel Villalba

domingo, 1 de mayo de 2011

Quince años


Quince años,
cosidos a retazos.
En la falda de una niña que ríe.
Y su madre le dice con rechazo,
que no es justo vivir donde ella vive.

Me gusta más
sentir tu pensamiento,
oler lo que tu piensas cada día.
Y después de mucha prisa y pocas muestras
de amor, la tierra se va contigo.

Y hasta el día
de mi muerte juro hacer,
de cada milisegundo una odisea
de sentimientos y frases tan profunfas
que el océano se sienta pequeñito.

Vuelva aquí,
que te diga despacito
las cosas que ya sabes de memoria.

C. Almansa



sábado, 30 de abril de 2011

El silencio

Hace algún tiempo que espero y busco con ansia la opotunidad de escribir algo distinto, algo que cualquiera que sea la persona que lea mi historia sienta lo que en mis líneas yo cuento y le haga sentir lo que yo siento.
¿Pero, qué mejor tema que el amor?, sencillamente en una manera u otra esta presente, esta en la vida de todos nosotros, y porque no decirlo es un sentimiento que puede desembocar a muchos otros, es, en mi opinión lo imprevisible de la lógica.

Una tarde, Claudia, harta de permanecer en silencio decidió hablar con él, sentía que era algo imprescindible, ya no podía aguantar más, lo necesitaba y desde aquella colina pude apreciarlo todo, hasta el más mínimo detalle.
Cerró los ojos un instante, respiró con profundidad y apretó fuerte los puños. Sabía que no podría controlarse mucho más, en cualquier momento estallaría.
Abrió los ojos, castaños, brillantes y con una fugacidad intensa. Frunció el ceño, intentado evitar que las lagrimas no saliesen, que su cuerpo no se dejase caer, intentando … no gritar.
Suspiró una vez más, mirándole a los ojos altiva. Ella era superior a él, lo sabía, pero no era capaz de olvidarle. Finalmente, la rabia y el dolor se dejaron ver, y ella enseño la cicatriz que todavía no terminaba de desaparecer de su piel.
⁃ - ¡No quiero que me beses! ¡Y te odio por no hacerlo a veces! Y no me gusta el roce de tu piel, porque me raja el corazón – exclamó.
No soporto que hables de ellas y me duele que presumas de tus tardes a sus lados. Y... y echo de menos tus labios, y que me cuentes cosas mientras te escucho entre tus brazos.
Ya no oigo el murmullo del viento ni el susurro de la noche – lloró.
Solo escucho una larga y triste canción. Desde que ya no estamos juntos, sólo esta esa gris canción.
Y no creas que me es fácil llorar tres meses después que sus besos jamás valdrán tanto como los tuyos.
Y ya sé que me equivoqué. Ya... ya sé que esto no vale nada, y que para ti serán palabras en el olvido cuando mañana acaricie tu despertar – acabó en un susurro.
Se giró, no quería verle sonreír de satisfacción tras su confesión. Pero él la impidió irse, la tomó de la mano, con sus ojos verdes clavándose en su mirar marrón.
La besó, lo estaba deseando desde que se había alejado de ella. Y la abrazó, y la dijo al oído con una dulzura y un color especiales:
-¡Nunca, jamás, nadie ha logrado sacarme un te quiero como tú!. No te negaré que he rogado, a quien fuese que me escuchase, que no te alejaras por completo de mí.
Aunque ya sabía que sólo era un modo de escapar a la muerte. Porque sino estás conmigo. ¿para qué sirve lo demás? Nada conseguiría hacerme olvidarte.
Ella le besó. Descubrió como todo el silencio que había retenido en su interior se esfumó y cómo con solo expresar, sin antes haberlo pensado, todos sus sentimientos salieron al exterior y todo su amor descarrilado se había reconstruido de nuevo, sólo que esta vez era más rojo, fuerte y apasionado que nunca.
La tarde sobre aquella colina fue testigo de la pasión y el amor que se entregaron esa unión.

Claudia Moreno Vinuesa